Neuroma de Morton

Cirugía y procedimientos, Reumatologia traumatologia

El Neuroma de Morton es una lesión que se produce por la compresión que sufre un nervio del pie, y como consecuencia de esta compresión, este nervio reacciona engrosándose y provocan el “neuroma” (tumor o engrosamiento benigno del nervio).

Es una causa frecuente de dolor en la planta del pie.

El problema es el atrapamiento que sufre este nervio por la cabeza de los metatarsianos (una parte de los huesos que están antes que los dedos del pie), y que al comprimirse repetidamente cuando caminamos o estamos de pie, reacciona engrosándose. Típicamente produce un dolor punzante o calambre que se irradia hacia los dedos.

Por razones lógicas, ocurre más frecuentemente cuando se llevan zapatos de tacón alto, o con suela delgada y dura. Generalmente se produce entre el tercer y cuarto dedos del pie.

Los síntomas del neuroma de Morton son dolor y perdida de la sensibilidad en la zona que puede irradiarse hacia los dedos del pie.

El dolor es intermitente, a veces ni se siente y en otras ocasiones es tan intenso que se tiene que descansar y quitar el calzado. Puede presentar la sensación de una piedra en el zapato o se puede sentir un chasquido.

El diagnostico puede ser difícil, especialmente al inicio.

La lesión tiende a empeorar con el tiempo. Con lesiones repetitivas, el nervio crece, y a la medida que crece es mas fácil lesionarlo.

El dolor se puede reproducir al presionar el pie, también al realizar una presión ligera con la punta de un alfiler puede revelar alteraciones en la sensibilidad de los dedos.

La fase inicial del tratamiento es la modificación del calzado. Esto se realiza con plantillas especiales, zapatos mas anchos y blandos. Evitar el uso de tacones altos ayuda a mejorar la sintomatología.

En ocasiones la inyección de cortisona con un anestésico local ayuda disminuir la inflamación y el dolor. Esto también ayuda a localizar el problema.

Para las infiltraciones no hay una norma única, pero por lo menos se recomienda espaciar un mínimo de una semana entre una infiltración y la siguiente, pudiendo ser administrada con una diferencia de hasta dos meses. Si la infiltración es de corticoides, lo razonable es no infiltrar mas de 4 veces en un año en la misma articulación, y normalmente no se ponen mas de dos si el paciente no nota mejoría. La inyección puede provocar una calcificación pericapsular (deposito de calcio alrededor de la cápsula de la articulación) que es asintomática (no da síntomas), que no es lo mismo que una osificación, que es formación de hueso.

En cuanto a las posibles complicaciones de una inyección de corticoides si son realizadas por un experto son muy raras, ya que dichas complicaciones son conocidas y se ponen los medios para que estas apenas ocurran.

Dentro estas se pueden citar la infección, atrofia de la grasa subcutánea, exacerbación de una diabetes (rara), daño en el cartílago (sobre todo cuando la infiltración es dentro de articulaciones de carga como cadera, rodilla o tobillo), la ya comentada calcificación pericapsular asintomática, trastornos gastrointestinales, retención de líquidos, irregularidades menstruales, reacciones alérgicas…

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