Fibromialgia

Reumatologia traumatologia

La fibromialgia es una enfermedad crónica de origen desconocido, que se caracteriza por presentar dolores musculares múltiples, que se localizan en unos puntos concretos a la exploración manual.

Su causa concreta es desconocida, ya que no se han encontrado problemas degenerativos o inflamatorios en el estudio de las zonas dolorosas.

Aunque existe un gran componente de ansiedad, no se ha podido establecer con claridad una base psicológica en esta enfermedad.

Afecta a más del 1% de la población, sobre todo mujeres de edad adulta, lo que lo convierte en un problema de salud frecuente.

Se acompaña además de otros muchos síntomas, como insomnio, cansancio extremo, depresión o ansiedad, dolores de cabeza, hinchazón y dolor abdominal

Los síntomas dolorosos se caracterizan por un aumento de la sensibilidad a mínimos estímulos, incluyendo los cambios de temperatura, o tras realizar ejercicio muscular.

No existe una prueba concreta que nos de el diagnóstico, debiendo hacerse por la suma de puntos dolorosos y otros síntomas asociados (insomnio, cansancio excesivo e inexplicado, cefalea de tensión, sensaciones raras en los miembros, dolor e hinchazón abdominal, inestabilidad, ansiedad y depresión, dificultad para concentrarse…) además de descartar otras enfermedades que pueden producir síntomas similares, como polimialgia reumática y arteritis de la temporal, enfermedades musculares diversas (miopatías), enfermedades tiroideas, artritis reumatoide, síndrome de dolor miosfascial, osteoartrosis, enfermedades neurológicas degenerativas…

Se debe realizar una analítica general y otras pruebas para descartar estos problemas, ya que en la fibromialgia, los análisis y demás pruebas realizadas deben ser normales.

Los dolores deben durar más de seis semanas para pensar en una fibromialgia, y deben estar localizados en los denominados “puntos gatillos”. Son 18 repartidos por todo el cuerpo, y al presionarlos, aumenta mucho el dolor.

Respecto a su pronóstico, no se suele curar, sino que cursa de forma crónica, con distintos periodos de reagudización, intentando que la calidad de vida sea lo mejor posible. Habitualmente, se consigue que una gran parte de pacientes puedan llevar una vida más o menos activa y “normal”, con algún periodo de mayor actividad y limitación de calidad de vida.

En su tratamiento, se deben contemplar aspectos médicos y otros psicológicos y de actitud de vida.
Si el diagnóstico se hace con rapidez, y se evita que vayan de médico en médico durante años hasta dar con el, el tratamiento es más efectivo.

Es muy importante un buen apoyo psicológico, ya que muchos enfermos temen que nadie crea su enfermedad, al no existir una prueba de imagen o de laboratorio que demuestre de forma fehaciente que están enfermos. Suelen tener tendencia a sentirse incomprendidos por sus compañeros de trabajo, ya que no muchos no los ven como verdaderos enfermos.Por tanto, una adecuada información mejora el manejo de estos pacientes.

El ejercicio físico regular y moderado (andar, nadar…) mejora claramente el cuadro.

Para el manejo farmacológico se suelen utilizar en primer lugar los antidepresivos clásicos o los más modernos inhibidores de la recaptación de la serotonina, fármacos que actúan sobre el “animo” del paciente, además de mejorar el cansancio y el insomnio. Junto a ellos, las benzodiacepinas como relajantes musculares.

Con estos fármacos, mejora el dolor, pero si este no se puede controlar, la asociación de analgésicos o antiinflamatorios tipo AINE (antiinflamatorios no esteroideos) durante unos días, mejora el control de los casos rebeldes.

Se están investigando nuevas formas de tratamiento con anticonvulsivantes y otras fórmulas, pero no los resultados de estos estudios no se han traducido en resultados positivos de momento.

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