Casi 67 millones de personas de todo el mundo tienen glaucoma

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El próximo miércoles, 12 de marzo, se celebrará el ‘Día Mundial del Glaucoma’, afección que sufren 66,8 millones de personas en todo el mundo, de las que más de la mitad son mayores de 50 años de edad. Con motivo de esta celebración, Pulsomed.com se une a la iniciativa y aprovecha para destacar algunos aspectos sobre esta enfermedad, que puede causar ceguera

En el mundo hay aproximadamente 285 millones de personas con discapacidad visual, de las cuales 39 millones son ciegas y 246 millones presentan baja visión, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En este sentido, las últimas estimaciones mundiales indican que el glaucoma afecta a 66,8 millones de personas en todo el mundo (según el Consejo Argentino de Oftalmología), de las cuales, aproximadamente, el 90% se concentran en países en desarrollo, y más de la mitad son mayores de 50 años.

El glaucoma, también llamado tensión ocular, es un aumento de la presión intraocular por falta de drenaje del líquido acuoso, que produce lesiones en el nervio óptico, causando problemas en la visión y, si no se corrige a tiempo, ceguera. Si no se detecta a tiempo, este aumento de presión puede afectar al nervio óptico, produciendo un deterioro progresivo del campo visual y una disminución de la visión.

El aumento de la presión intraocular ocurre cuando el líquido acuoso no fluye correctamente hacia afuera y hacia adentro del ojo. Esta obstrucción produce un aumento de este líquido en el interior del ojo causando un aumento de la presión intraocular y sobre el nervio óptico. Sin embargo, hay personas que presentan lesiones del nervio óptico tipo glaucoma sin tener aumentada la tensión intraocular, y otras con tensión intraocular elevada sin lesiones del nervio óptico.

Existen dos formas de presentación de la enfermedad: glaucoma de ángulo abierto y de ángulo cerrado. En el primer tipo de glaucoma, el líquido acuoso que fluye a través de la pupila hacia la cámara anterior no lo puede hacer, produciendo así un aumento de la tensión intraocular y la lesión del nervio óptico. En el glaucoma de ángulo cerrado, por su parte, se cierra el paso del líquido entre el iris y la córnea, lo que produce un aumento de tensión brusco, que es urgente por la lesión inmediata del nervio óptico. En este tipo de cuadro agudo aparecen síntomas como nauseas, vómitos, luces en forma de arco iris y dolor en los ojos.

Los síntomas más característicos de cualquiera de estos dos tipos de glaucoma son la visión de moscas volantes, pérdida de visión lateral o periférica, dolor en el ojo, cefalea, visión borrosa, visión de halos tipo arco iris, náuseas y vómitos, y ceguera.

Diversas exploraciones

Para confirmar el glaucoma, la historia clínica y los síntomas deben ser sugerentes de la afección, y después habrá que realizar otras exploraciones. Por un lado, hay que tomar la medida de la tensión intraocular mediante un tonómetro (con anestesia local) y realizar una inspección del ángulo de drenaje a través de unas lentes (gonioscopia). Asimismo, se debe observar el nervio óptico y sus posibles alteraciones mediante la oftalmoscopia, que se efectúa tras la aplicación de unas gotas para dilatar la pupila. Por último, hay que realizar una campimetría, para comprobar las posibles pérdidas visuales periféricas. Además, la tensión ocular debe ser comprobada entre tres y cinco años en personas mayores de 39 años de edad, y cada uno o dos años en personas mayores de 50, familiares afectados de glaucoma, o en personas que toman esteroides.

Si todas las exploraciones coinciden que existe un glaucoma muy avanzado, la visión que se haya perdido hasta el momento no se va a recuperar. Por ello, habrá que controlar la tensión ocular periódicamente y repetir la campimetría 2 veces al año.

Tratamientos y seguimiento médico

La mayoría de personas que padecen glaucoma pueden evitar su progresión con tratamiento médico (generalmente gotas oculares) y un seguimiento adecuado por parte del oftalmólogo. En ocasiones, la intervención con láser puede ser beneficiosa. En casos avanzados, o en aquellos en que el tratamiento médico es insuficiente, puede ser necesaria una operación quirúrgica.

En el glaucoma de ángulo abierto se utilizan medicamentos que disminuyen la presión intraocular. Se trata de colirios de aplicación directa en el ojo como los mióticos (pilocarpina), epinefrina o medicamentos derivados. Su función es mejorar el paso de líquido ente las cámaras del ojo. También pueden usarse los betabloqueantes y los inhibidores de la anhidrasa carbónica, que disminuyen la cantidad de líquido producido, y por último, a veces, se utilizan medicamentos vía oral, para que la disminución del líquido sea más constante.

En el glaucoma de ángulo cerrado, por su parte, el cuadro es más agudo, por lo que se precisa de un tratamiento inmediato para disminuir la tensión ocular.  Para ello, se utilizan soluciones hiperosmóticas, en inyección o por boca. Mediante esta solución, es posible controlar la tensión durante unas horas, pero luego se debe pasar a otros tratamientos de mantenimiento, como los anteriormente citados.

Intervenciones quirúrgicas

Por otro lado, los casos que no mejoran con tratamiento médico deben de ser tratados con cirugía. Para ello, existen dos tipos de intervenciones: la cirugía con láser y la iridotomía. La primera es un paso intermedio entre el tratamiento médico y el quirúrgico tradicional. Es un método indoloro y no precisa de quirófanos. Además, permite retomar las actividades diarias casi inmediatamente y es efectiva en más del 80% de los pacientes tratados. La iridotomía, por su parte, se realiza para tratar el glaucoma de ángulo cerrado, y consta de la extracción de parte del iris. Ninguna de estas dos operaciones constituye un gran riesgo, y la recuperación de ambas es de unos dos días.

Por último, cuando el cuadro de tensión intraocular es muy intenso y no se controla, se realizan incisiones en la esclera (pequeños agujeros de drenaje). Esta intervención se realiza bajo sedación y anestesia local, en régimen de ambulatorio. La recuperación es rápida, aunque se recomienda no mojarse ni lavarse durante dos días. También se debe evitar la realización de deporte o ejercicios violentos.

Si a pesar del tratamiento la tensión ocular no está bien controlada, suele ayudar el operarse de cataratas, incluso si el paciente no las tiene, o solo muy pocas. De este modo, al retirar la lente del ojo (cristalino) que se encuentra detrás del iris, este se va hacia atrás después de la cirugía, lo que hace tener un mayor control sobre él.

Para complementar y ampliar esta información, puede visitar nuestra página web ‘http://www.tuotromedico.com/’, en la que encontrará el apartado ‘Glaucoma’, además de noticias y preguntas relacionadas con esta enfermedad, espacios en los que se explican al detalle los riesgos, indicaciones o tratamientos para que este padecimiento afecte en la menor medida posible a la rutina diaria de los pacientes que lo sufren.

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