Angiomiolipoma renal

Cirugía y procedimientos, Otros

El angiomiolipoma renal es un tumor benigno de difícil diagnóstico, tanto por su rareza como por su comportamiento “mudo”, esto es, que no da síntomas en la mayoría de los casos.

Su descubrimiento suele ser casual en el curso de una exploración ecográfica o de scanner por otro motivo.

Aunque no suele dar síntomas, si los diera suelen ser en forma de molestias tipo dolor abdominal, o incluso notarse el paciente una sensación de masa al tocarse el abdomen. A veces, puede aparecer sangre al orinar (hematuria).

Aunque es un tumor que puede aparecer en pacientes sanos, se puede asociar con frecuencia a una enfermedad rara, la esclerosis tuberosa, que pertenece al grupo de las ”facomatosis”; que son un grupo de enfermedades de origen hereditario caracterizadas por deformaciones congénitas en varias partes del cuerpo, particularmente en la piel, ojos, sistema nervioso central y algunas vísceras.
Ejemplos de ellas, además de la esclerosis tuberosa, son la enfermedad de Von Recklinghausen o neurofibromatosis y la enfermedad de Von Hippel Lindau.
Cuando se asocian a estas enfermedades suelen darse angiomiolipomas bilaterales, mientras que en los casos en pacientes sanos suelen ser unilaterales y alcanzan un tamaño mayor.

Respecto a la actitud a tomar con el tumor, puede variar, ya que se puede tener una actitud expectante o bien decidir intervenir y quitar el tumor, pero en muchos casos hay que quitar el riñón entero al ser un lesión que puede ser grande y/o sangrar mucho por estar muy vascularizada.
En general para la decisión sobre el tratamiento a seguir se tiene en cuenta el tamaño del tumor y si este permanece estable en el tiempo o por el contrario crece.
– En los mayores de 4 cm de diámetro o que crezcan, se recomienda extirparlos quirúrgicamente o embolizarlos mediante radiología intervencionista, ya que evolucionan con mayor frecuencia a la aparición de síntomas o hemorragias.
– Lesiones aisladas y asintomáticas de hasta 4 cm pueden controlarse periódicamente con ecografía o TAC cada 6 meses /1 año.
– En el caso de tumores bilaterales o en riñones únicos, se debe plantear primero que reserva funcional renal existe antes de decidir extirparlo, para evitar problemas posteriores de insuficiencia renal.

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