Disfunción eréctil en diabéticos

Diabetes, Salud en el hombre

El tratamiento de la disfunción eréctil en los diabéticos suele ser complejo, y en muchos casos hay que armarse de paciencia hasta conseguir resultados satisfactorios.

Un 30 a un 50 % de los varones diabéticos la sufren.

Lo principal es lograr un control correcto de la diabetes para evitar que siga el deterioro vascular, que es el responsable de la disfunción eréctil (por afectación vascular de los nervios de esa región), además de mejorar todas aquellas situaciones que influyan en el estado cardiovascular: no fumar, no beber excesivamente, controlar el colesterol y la obesidad, etc…

El tratamiento de la disfunción eréctil, una vez controlada la enfermedad y otros factores de riesgo, se inicia con fármacos por vía oral (inhibidores de la fosfodiesterasa), siendo el Sildenafilo el de más experiencia actualmente.

Si a dosis máximas (100 mgr.) y durante un tiempo prudencial no es efectiva, algunos autores defienden intentarlo con otro fármaco; el Vardenafilo, que parece que ha demostrado en algunos estudios ser más efectivo, aunque algunos autores ponen en duda esta mayor efectividad.

Durante el tratamiento hay que controlar que no se den situaciones que alteren la efectividad del fármaco. El más frecuente es que se ingiera con comidas abundantes, sobre todo grasas, y eso interfiere en su correcta absorción y por tanto, disminuye su efectividad.

Si tampoco este 2º fármaco es efectivo, se debe pasar al tratamiento local mediante inyecciones en el cuerpo del pene de sustancias vasoactivas que inducen la erección, administradas por el propio paciente.

Su tasa de éxitos es elevada (alrededor del 80 %), aunque tiene el problema de poder ser doloroso (varía mucho de paciente a paciente) y algunos lo viven de manera desagradable por tener que pincharse. En general, los pacientes acaban aceptándolo si ven que es efectivo.

Para conseguir el mismo efecto, pero sin las molestias del pinchazo, existe la posibilidad de depositar esas mismas sustancias dentro de la uretra (como un supositorio, pero por la uretra). Una vez depositadas, se absorben y producen su efecto a los 10-15 minutos. Es menos efectivo que las inyecciones, pero se pueden probar antes que ellas, y si van bien mantener esta opción de tratamiento, y si falla pasar a las inyecciones.

El problema es que es difícil de encontrar en Europa, teniendo que importarse de U.S.A.

Antes de pasar a las inyecciones, se puede ampliar la investigación del caso con la realización de una eco-doppler del pene para ver si existe una afectación vascular y si es reparable quirúrgicamente, pero aunque exista no suele ser posible esta reparación en los diabéticos.

Si todos los anteriores métodos fallaran, se debería valorar colocar una prótesis de pene. Es la última opción al ser agresiva (cirugía, posibilidad de infecciones, etc…), aunque suele tener resultados excelentes una vez que el paciente se habitúa a ella.

En estos momentos, se está estudiando si determinados tratamientos basados en la terapia génica pueden ser efectivos en pacientes donde hayan fracasado todas las opciones, antes de poner una prótesis. El problema es que suelen pasar de 5 a 10 años antes de que este tipo de terapias estén disponibles desde que se empieza su estudio (siempre y cuando demuestren definitivamente que son efectivas).

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