El ictus deja 40.000 muertos al año en España

Cuidado y enf. del anciano, Enfermedades neurológicas

– El próximo martes, 29 de octubre, se celebrará el ‘Día Mundial del Ictus’, una de las enfermedades incapacitantes más frecuente de nuestra sociedad, y que deja 40.000 muertos al año en España. Con motivo de esta efeméride, Pulsomed.com se une a la iniciativa y aprovecha para destacar algunos aspectos sobre esta afección que padecen cada vez más personas mayores en el país


El ictus es la primera causa de mortalidad entre las mujeres españolas, y la segunda en los varones, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Esta enfermedad deja 40.000 muertos al año en el país, y se detectan unos 120.000 nuevos casos anuales. También conocido como Accidente Cerebro Vascular (ACV),  es producido por un estrechamiento del paso de sangre al cerebro, dejando que las células del seso se queden sin oxígeno y dejen de funcionar, apareciendo cuadros de parálisis de medio cuerpo o trastornos del habla, entre otras afecciones.

Generalmente, esta enfermedad se da a partir de los 55 años y su riesgo aumenta proporcionalmente con la edad. Así, se cree que casi dos millones de españoles (más del 21% de la población mayor de 60 años) podrían sufrir un ictus en los próximos 10 años. Además, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, casi la mitad de la población podría sufrir un Accidente Cerebro Vascular para el año 2050.

En este sentido, según la Federación Española de Ictus, en la actualidad, un 30% de los pacientes con esta enfermedad presenta un problema de discapacidad que se manifiesta con parálisis, problemas de equilibrio, trastornos del habla y déficits cognitivos. Además, sólo el 40% de los enfermos pueden valerse por si mismos, y las personas que han sufrido un ictus presentan un alto riesgo de sufrir otro en los tres meses siguientes.

En la mayor parte de los casos, la obstrucción está producida por la presencia de placas de ateroma, lo que llamamos arteriosclerosis, un envejecimiento de las arterias, que se vuelven rígidas en un proceso progresivo que consiste en la acumulación de colesterol, calcio y otras grasas en la pared de las arterias. En ciertas zonas de las arterias el estrechamiento puntual es más intenso, llegando a tapar casi por completo el paso de sangre al cerebro. Además, si en la zona obstruida por las placas se pegan acúmulos de plaquetas, se llegan a formar coágulos, creando una trombosis cerebral. Estos trombos se pueden soltar y llegar a arterias más pequeñas por las que no pueden pasar, taponándolas totalmente y produciendo una embolia cerebral. En otras ocasiones lo que se produce es la rotura de una arteria cerebral (por aneurismas o por hipertensión arterial).La hemorragia que se crea no puede liberarse al exterior ya que el cerebro está encerrado en el hueso del cráneo. Por ello, la sangre presiona lo más blando,  produciendo la falta de oxigenación de la zona y  lesiones en los tejidos.

Los factores de riesgo más comunes son la hipertensión arterial, las arritmias cardiacas, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol, entre otros. Por su parte, los síntomas que indican que una persona está sufriendo uno de estos ataques pueden ser la incoordinación de los miembros, inestabilidad al caminar y vértigo, debilidad o menor sensibilidad en un brazo o pierna (o ambos), ceguera repentina o visión doble, trastornos en el habla, dolor de cabeza intenso y progresivo, e incapacidad para tragar.

 

Tratamiento

El tratamiento del Ictus consta principalmente de dos etapas: fase inicial o aguda y fase de seguimiento. La primera consiste en controlar la oxigenación y la tensión arterial, para asegurar una óptima respiración de las células cerebrales. Para ello, se deberán tomar algunos medicamentos que impidan la agregación plaquetaria, o trombolíticos por vía intravenosa, para revertir la obstrucción. En la segunda fase, más compleja, se realiza una intervención a través de una incisión en el cuello, para acceder hasta la arteria carótida, que se abre para realizar una limpieza de las placas de ateroma que hay en el interior.

En los últimos años, también se han desarrollado técnicas endovasculares para corregir la estenosis carotídea sin necesidad de cirugía abierta. Son la angioplastia transluminal percutánea y la colocación de stents. La angioplastia es la dilatación de una arteria inflando un balón, por medio de un catéter especial insertado por punción percutánea, a través de la arteria femoral. El paciente está despierto y puede regresar a su domicilio en pocos días. Por otro lado, el stents es una prótesis metálica, en forma de muelle que se coloca en la zona estrechada y al ejercer presión sobre la pared vascular mantiene la apertura de la luz.

La recuperación de un ictus o trombosis cerebral depende de diversos factores como la extensión del daño, si la oclusión es total o parcial, o si existe circulación colateral de suplencia, entre otros. El más importante en este caso, será si, al suceder el evento, el paciente ha sufrido mucha afectación o no, y si la mejoría se va produciendo progresivamente. Otro principio importante es comenzar cuanto antes con una rehabilitación adecuada y precoz, que debe durar el tiempo necesario para que la recuperación sea efectiva. Asimismo, el tratamiento de base dependerá de la causa que haya producido el Accidente Cerebro Vascular, pero generalmente es necesario el tratamiento con medicación antitrombótica que impida que se pueda volver a producir, bien mediante antiagregantes (por ejemplo ácido acetilsalicílico) o anticoagulantes (Sintrom).

Para complementar y ampliar esta información, puede visitar nuestra página web ‘www.tuotromedico.com’, en la que encontrará el apartado ‘Accidente Cerebro Vascular ACV’, y diversas preguntas de pacientes sobre esta afección respondidas por profesionales, y en las que se explican al detalle los riesgos, indicaciones o tratamientos para que esta enfermedad afecte en la menor medida posible a la rutina diaria de los pacientes que la han sufrido.

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