Artrosis, ¿como se forma?

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El proceso de instauración de una artrosis mas o menos es como sigue:

Lo primero que se produce es una alteración del cartílago. La zona superficial, que es la que contacta con el otro cartílago articular, se hincha y se hace más blanda perdiendo su elasticidad.

Poco a poco, la superficie se erosiona y con el tiempo el cartílago se desgasta y puede llegar a desaparecer, dejando que los extremos de los huesos contacten directamente.

A medida que se va perdiendo el cartílago, el hueso que está debajo reacciona y crece por los lados, con lo que la articulación se deforma por los llamados osteofitos.

La membrana sinovial (cubierta interna de las articulaciones) se engrosa y produce un líquido sinovial menos viscoso y más abundante que lubrifica menos.
También intenta eliminar los fragmentos de cartílago que se han soltado y que flotan libres en la cavidad articular.
Estos fragmentos originan una inflamación de la membrana y la producción de sustancias que al pasar a la cavidad articular aceleran la destrucción del cartílago.

Los primeros cambios se producen sin que el paciente note ningún síntoma, ya que el cartílago no tiene capacidad para producir dolor.
En esta fase el cartílago todavía puede recuperarse y la enfermedad es potencialmente reversible.
Cuando el cartílago desaparece totalmente la enfermedad es muy severa y el proceso es ya irreversible.

El síntoma fundamental del paciente con artrosis es el dolor. Al principio, el dolor es muy leve, sólo aparece cuando se ha realizado una actividad física muy importante con esa articulación (por ejemplo, después de una larga caminata), y cede rápidamente con el reposo. Cuando la enfermedad se ha establecido, es normal que el paciente note mayores molestias cuando empieza a caminar, mejorando los síntomas después de llevar un rato andando, una vez que la articulación “entra en calor”. Al dolor se le añade una sensación de rigidez y de dificultad para flexionar y extender extremidad, que, al igual que el dolor, es también más intensa después de haber permanecido mucho tiempo en reposo (sentado o tras dormir en la cama).

Otro síntoma que puede notar el paciente es una sensación de chasquido, que se produce al flexionar la articulación (por ej. la rodilla). El dolor en la rodilla es mayor cuando se sube y se baja escaleras, cuando el paciente se pone en cuclillas y cuando se camina por un terreno irregular.

En los casos en los que la artrosis no se controla y se alcanzan fases más avanzadas de la enfermedad, además del dolor, que se hace más continuo e intenso, el paciente sufre una disminución en los movimientos que puede realizar con articulación (por ejemplo, no puede flexionar o extender completamente la pierna).

También pueden aparecer ciertas deformidades de la articulación, y alteraciones en la alineación de los huesos, con arqueamiento de la extremidad inferior.
En estas artrosis más evolucionadas, es habitual que el paciente cojee al caminar, y que la rodilla se debilite, notando el enfermo con alguna frecuencia una sensación de “fallo ” en la rodilla al dar los pasos.

El tratamiento de la artrosis en las primeras fases es de tipo conservador, con medidas como la fisioterapia
, (destinada a la disminución del dolor y a la potenciación de la musculatura que poco a poco va atrofiándose), y tratamiento con antiinflamatorios.

En una segunda fase, la infiltración de substancias que tratan de mejorar la viscosidad del líquido sinovial, como el “Acido Hialuronico” puede ser muy útil.

Únicamente cuando la calidad de vida del paciente está notablemente alterada por el dolor que no cede con medidas conservadoras, y una limitación notable de movilidad, o una deformidad importante es cuando se decide a intervenir, realizando, según esté indicado, una corrección de los ángulos de la pierna mediante la resección de una parte del hueso en forma de cuñas (osteotomías) , o mediante una prótesis si se trata de la rodilla.

En cualquiera de los casos la intervención es importante, y el periodo de convalecencia va desde los tres a seis meses , debiendo acudir la mayor parte de los pacientes a rehabilitación durante gran parte de ese período. Dentro de los riesgos que la intervención entraña están los propios de cualquier intervención, y sobre todo la infección de la zona intervenida. Estas complicaciones no son frecuentes, pero hay que tenerlas en cuenta antes de “entrar alegremente” al quirófano.

El consejo general es apurar todos los plazos conservadores antes de ser sometido a una intervención.

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