Queloides y cicatrización hipertrófica

Cirugía y procedimientos

El queloide es una alteración en la cicatrización de las heridas. Por causas desconocidas (aunque hay una tendencia familiar a sufrirlas, y las personas de raza negra la sufren con mucha más frecuencia), se produce un aumento del tamaño de la cicatriz, que se hace gruesa, irregular (como si tuviera dientes de sierra, de ahí su nombre) y fibrosa, además de cambios en su color.

Se trataría de una cicatrización exagerada de las heridas, pero a diferencia de las cicatrices hipertróficas, que no sobrepasan la herida y suelen mejorar con el tiempo, el queloide puede llegar a hacerse muy extenso y no mejora con el paso de los años.

Afecta más a gente joven, sin distinción de sexo, y como ya se ha comentado, afecta mucho más personas de raza negra.

Puede aparecer no solamente en las cicatrices derivadas de intervenciones quirúrgicas o suturas, sino también en la cicatrización de pequeñas heridas o lesiones de otro tipo (por ej. quemaduras), y el factor desencadenante se especula que suele ser un traumatismo sobre la misma.

Además de ser antiestética, dependiendo lógicamente de su tamaño, localización y aspecto (hay algunas que adquieren un color blanquecino, mientras que otras se vuelven intensamente rojas), en muchos casos pican, y en algunos duelen. Además si se localizan en determinadas zonas pueden alterar la funcionalidad de dicha zona.

Sin que se sepa porqué, hay zonas del cuerpo más proclives a que aparezcan: hombros, cuello y tórax, sobre todo, y en menor medida en las extremidades. Son excepcionales en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Se han planteado varios tratamientos, pero todavía no hay ninguno seguro al 100%.

Hasta ahora, parece que la inyección de medicación antinflamatoria dentro del queloide es la de mejores resultados. Concretamente corticoides como la triamcinolona, aplicados cada 2 a 4 semanas y durante varios meses, consiguen que la lesión disminuya de tamaño y desaparezca el picor, pero no la hacen desaparecer del todo.Pueden combinarse con cirugía previa o la crioterapia.

El problema de estos fármacos son sus frecuentes efectos secundarios a nivel local (adelgazan la piel y aparecen dilataciones vasculares), y su posible absorción por la piel en tratamientos prolongados pudiendo producir efectos generales (esto es infrecuente).

La crioterapia consiste en realizar congelaciones/descongelaciones breves (de unos 30 segundos) de la lesión que consiguen adelgazarla. Es una técnica eficaz, pero que debe utilizarse cuidadosamente, ya que se corre el peligro de producir la muerte del tejido que está debajo o alrededor del queloide (necrosis).

Aunque la cirugía puede utilizarse, la recurrencia suele ser muy alta (más del 50 %) y en algunos casos con un tamaño mayor que el queloide original. Por ello, se suele dejar para queloides de forma y tamaño determinados (con escasa base de implantación sobre todo, o que requieran de desbridación por ser muy abultados), o como segunda línea de tratamiento cuando fallan los anteriores.

Después de la cirugía es conveniente mantener la zona intervenida presionada mediante unas láminas de silicona que impiden la oxigenación de la lesión e impiden su reproducción. Se aconseja llevar estas láminas durante meses, e incluso años.

Estas mismas láminas pueden utilizarse en el tratamiento único de queloides pequeños, que aunque no los hacen desaparecer mejoran mucho los síntomas, y sobre todo, son un tratamiento con mínimos efectos secundarios.

En adultos puede plantearse también la radioterapia tras la cirugía, consiguiendo porcentajes superiores al 75 % de no recidiva en combinación con la cirugía y la crioterapia.
No debe usarse nunca en niños, por su conocido poder carcinogénico, y aunque en adultos el temor a esta posibilidad es menor, hay autores que se cuestionan su uso por este riesgo.

Hace años se desestimó el uso del láser para el tratamiento del queloide, porque la recurrencia era la norma, pero los nuevos láseres de alta energía y de onda continua que vaporizan la lesión, se han demostrado eficaces en su manejo, con menores recurrencias. En los próximos años veremos si estos esperanzadores resultados se confirman.

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