Enfermedad celiaca del adulto

Enf. del aparato digestivo

La enfermedad celíaca es una enfermedad que se consideraba poco frecuente, y típica de niños, pero en los últimos años, los diferentes estudios muestran que puede estar afectando a 1 de cada 100 adultos.

Su causa es bien conocida, es una intolerancia al gluten contenido en diversos cereales: el trigo, el centeno, la avena y la cebada. Concretamente se produce una reacción inmune contra la gliadina (proteína que contiene dicho gluten).

Este tipo de alergia produce una lesión del intestino delgado que lleva a una mala absorción de los alimentos, dando en niños el conocido cuadro de diarrea crónica asociada a problemas para ganar peso..

Hasta hace pocos años, solo se diagnosticaba en niños, pero según se va conociendo más sobre la enfermedad y su diagnóstico, se ha visto que también se puede dar en loa adolescentes y adultos, probablemente porque la intensidad de la enfermedad es menor y ha pasado desapercibida cuando eran niños.

¿Cuándo debemos sospechar que un adulto puede padecerla?.
Suelen ser personas con cuadros de diarrea episódica que, o por no ser constante, u no alterar su vida habitual, no consultan al médico o este los diagnostica erróneamente de cuadros de colon irritable (enfermedad muy frecuente, de la que se desconoce la causa real, pero se especula con un transtorno psicosomático de base).

En muchos casos no hay gran diarrea, predominando más los síntomas de “mala digestión”, con ardor, sensación de llenado precoz, meteorismo abdominal (gases), cansancio…
Hay ciertos aspectos que deben llevar a hacer pensar en ella, como son que exista una pequeña anemia por falta de hierro, unas transaminasas (enzimas hepáticas) elevadas, que se padezca con frecuencia aftas bucales, que haya antecedentes familiares con esa enfermedad, o que existan enfermedades de tipo inmune asociadas, como la diabetes, hipotiroidismo…

Si los síntomas son recurrentes y no se encuentra otra causa, se puede sospechar el diagnóstico mediante la realización de unos anticuerpos específicos en sangre que suelen estar elevados.

También debería sospecharse en personas que sufran las situaciones siguientes, sin haberse encontrado una explicación de ellas: mujeres en edad fértil con déficit de hierro que esté asociado a problemas de infertilidad o de abortos repetidos, o varones jóvenes o mujeres sin la menopausia que sufran de osteroporisis o fracturas al mínimo traumatismo.

El diagnóstico de la enfermedad celíaca se basa en la demostración de la elevación de unos marcadores específicos (anticuerpos antitransglutamina en el suero), aunque una serología negativa no descarta la enfermedad al 100%. Si están elevado, debe confirmarse el diagnóstico mediante la realización de la biopsia intestinal (realizada por endoscopia oral) que demuestra unos cambios característicos en la mucosa del intestino.

Dado que esta prueba es agresiva, en muchos casos el paciente rechaza la misma, y si la sospecha de la enfermedad por la clínica y los marcadores serológicos es elevada, se puede probar a suprimir el gluten de la dieta y ver la respuesta.

Si el paciente mejora y los marcadores bajan, es que el diagnóstico probablemente era correcto.
La no mejoría obliga a replantearse el diagnóstico, y dado que hay casos rebeldes que requerirán tratamientos más agresivos, la biopsia intestinal será obligada.

Hoy en día se conocen una serie de marcadores genéticos de la enfemedad, presentes en casi todos los enfermos, por lo que se postula utilizarlos en casos sospechosos, determinando los HLA-DQ2 y DQ8, ya que si son negativos, se excluye casi al 100% la enfermedad, lo que evita la realización de pruebas invasivas y molestas para el enfermo.

Actualmente se utilizan para pacientes con clínica positiva, con serología negativa, pero el descubrimiento de estos marcadores y otros en próximos años, cambiarán el manejo futuro de la enfermedad y su diagnóstico.

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